Las células madres se pueden encontrar en varias regiones en un ser vivo. Por ejemplo el tejido hematopoyético que está dentro de nuestros huesos y que se encarga de la producción de los elementos figurados de la sangre, tales como leucocitos, eritrocitos y plaquetas; llamadas Hemacitoblastos, poseen la capacidad de diferenciarse en siete tipos de células distintas, dependiendo de la necesidad correspondiente.

A pesar de la increíble capacidad del hemacitoblasto para diferenciarse, hay células que son considerablemente más dinámicas que las células de la médula. Estas células son capaces de especializarse a cualquier otro tipo de célula al ser implantadas en un medio específico, dependiendo del tipo de célula que las rodee la célula madre se diferenciará a la misma. En esta increíble capacidad biológica radica el enorme potencial de las células madres para ayudar a la medicina moderna curando enfermedades degenerativas tales como el alzheimer y el parkinson; también nos ofrecen la posibilidad de regenerar tejido que carece de la capacidad de repararse a sí mismo tal como el tejido nervioso, que es altamente especializado, y hasta hace pocos años si alguien se lesionaba la médula espinal era imposible reparar ese tejido dañado.
El problema de los estudios de las células madres en humanos es que las células madres (totipotentes y pluripotentes) necesarias para producir esta casi milagrosa curación se extraen de las etapas tempranas del desarrollo embrionario, por lo tanto existe un debate bioético latente si es o no correcto el uso de las células madres en la medicina moderna.